EN VENTA ISBN: 978-84-612-5613-6
Para pedidos contra reembolso (España), pulse sobre el producto...
«Escucha, nada depende de ti… pero todo está en tus manos. Así es en el Cielo, donde nadie es imprescindible pero todos son necesarios. Necesarios porque uno solo podría salvar el Mundo; y prescindibles, porque donde uno falla, otro vendrá.» Miré fijamente a aquel ser que paralizaba mi sangre, con su serena mirada azul, con la pausa del que sabe cuándo y cómo hablar, con la Verdad del que nada dice que no Sea, con el Equilibrio que hace que el Mundo se sustente, hasta que su mano baje y el desequilibrio reine, como parte de nuestra propia elección.
Miguel estaba frente a mí y sentía la familiaridad del que conoce; pero a la vez cada pensamiento que me dijera «está ahí, frente a ti» me dejaba helado, sin saber si era real o no lo que sucedía.
«La oscuridad se está asentando en la Tierra, porque las elecciones que habéis hecho así lo han proclamado. Pero existe también mucho bien anidando dentro de valientes corazones; y por ello, estamos de nuevo aquí.»
Pago con tarjeta (Envíos también al extranjero) * Disponible en ebook:
¡¡¡ NOVEDAD !!!
ISBN: 978-84-614-2025-4
«El ser humano tiene un camino que recorrer –dijo Miguel sentado
sobre una roca que le servía de apoyo cuando dialogábamos–, y a duras
penas lo recorre. El reconocimiento de los siete aspectos que lo forman es una parte de
éste. La Integración de la dualidad es el siguiente paso. Y encontrar
su santo Grial es beber de su Espíritu reintegrándolo en la materia
donde temporalmente reside, reconociéndose así en su destierro... para
ya nunca más volver...»
–Parece sencillo así dicho; pero por experiencia sé que es un arduo
camino.
–Arduo camino es
el que recorréis en vuestra ignorancia, yendo y viniendo sin objetivos,
en vidas muertas que carecen de sentido, entre populosos senderos que a
ninguna parte van.
La certeza y
rotundidad con la que expresaba situaciones seguía impresionándome sin
que el paso del tiempo me hiciera acostumbrar. No existía un ápice de
duda en su voz; no expresaba situaciones que pudieran ser o no; sino que
compartía una Realidad con alguien que en ese momento podría
entenderla… dejando libertad dentro de la comprensión que te narraba
para que creyeras o no, sin que eso cuestionara la veracidad de lo
dicho, que tu libre albedrío podía asumir... o negar.
–¿Debemos
entonces nosotros… reintegrar nuestra dualidad? –pregunté.
–El camino no
concluye hasta que no se Es en la materia, lo que hace que ya no se
tenga necesidad de regresar.»